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Cristo o el caos

"Hace más de medio siglo, cuando yo era todavía un niño, recuerdo haber oído a varias personas mayores ofrecer la siguiente explicación de los grandes desastres que habían abatido a Rusia: "Los hombres se han olvidado de Dios; por eso ha ocurrido todo esto". Desde entonces he pasado casi 50 años trabajando en la historia de nuestra Revolución; en el proceso he leído cientos de libros, recogido cientos de testimonios personales y ya he contribuido con ocho volúmenes propios en un esfuerzo por despejar los escombros dejados por aquella convulsión. Sin embargo, si hoy me pidieran formular lo más concisamente posible la causa principal de la ruinosa Revolución que se tragó a unos 60 millones de nuestro pueblo, no podría expresarlo con más exactitud que repitiendo: "Los hombres se han olvidado de Dios; por eso ha ocurrido todo esto"".

- Aleksandr Solzhenitsyn


Solzhenitsyn fue un novelista ruso encarcelado por su retórica anticomunista. Su análisis sociocultural de la Revolución soviética es fascinante y muy impactante. En su análisis yace una verdad que se enseña desde las primeras páginas de las Escrituras hasta el final. Esa verdad, expresada sencillamente, la encontramos en palabras del profeta moderno Bob Dylan:

Puedes ser embajador en Inglaterra o Francia Te puede gustar apostar, te puede gustar bailar Puedes ser el campeón del mundo de los pesos pesados Puede que seas un miembro de la alta sociedad con un largo collar de perlas Pero tendrás que servir a alguien, sí. Vas a tener que servir a alguien Bien, puede ser el diablo o puede ser el Señor Pero tendrás que servir a alguien (You Gotta Serve Somebody, 1979)

Todo el mundo tiene una visión de mundo, ideologías o presupuestos preconcebidos. Todo el mundo le sirve a alguien: Al Faraón o a Dios, a Baal o a Yahvé, a Dios o al hombre, a Jesús o a Satán. En otras palabras, la neutralidad es un mito. No se trata de servir o no, sino a quién. Esta línea de pensamiento nos es delineada claramente en los Proverbios, solo hay dos caminos: la vida o la muerte; la señora sabiduría o la señora locura (Prov. 7-9). Solo puede haber uno, Jesús les recordó a sus discípulos: "El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama". (Mt. 12:30)


Lea la primera y la segunda entrega de la Gran Comisión (Gn. 1:26-31; Mt. 28:18-20). Ahora pregúntese ¿cuál área de la vida o del pensamiento está fuera del señorío de Cristo? Las Escrituras responden con un grito resonante: ¡No hay ningún área! Todo en el cosmos le pertenece al Rey y ; por lo tanto, los derechos de la corona del Rey Jesús deben aplicarse en toda la vida. Considere el Salmo 2:8 a este respecto: "Pídeme, y haré de las naciones tu heredad, y delos confines de la tierra tu posesión". El Dr. Greg Bahnsen solía preguntarles a sus alumnos: "¿Pensamos que Jesús, al ascender a la diestra del Padre, se olvidó de pedir su herencia? Yo no lo creo". Esto lo reafirma claramente San Pablo en Colosenses 1:15-19:

Él es la imagen de Dios invisible, el primogénito de toda la creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes que todas las cosas, y en él todas las cosas subsisten. Y él es la cabeza del cuerpo, la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo sea preeminente. Porque en él quiso habitar toda la plenitud de Dios, y por él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.

Las Escrituras nos presentan continuamente declaraciones explícitas y exhaustivas sobre la autoridad absoluta de Cristo en los cielos y en la tierra, la cual le fue otorgada como una realidad en tiempo pasado. A la luz de este hecho que sacude la tierra, la prerrogativa más alta de un cristiano debe ser entender, interiorizar y aprender a aplicar esta verdad en toda la vida. La negación o aceptación de la coronación de Jesús tiene implicaciones muy reales para la raza humana. Siempre todo se va a reducir a la interrogante de cuál es la máxima autoridad. Debemos elegir entre la Ley-Palabra de Dios (teonomía) o la ley-palabra del hombre (autonomía) para la cultura y la vida.


Solzhenitsyn comprendió el poder y la magnitud de este último pensamiento: En una sociedad en la que se elimina a Dios y se oscurece su Palabra, sobreviene la tiranía. No hace falta remontarse a sociedades antiguas como la babilónica o la asiria para encontrar lo que ha sido fruto de sistemas de pensamiento en los que el hombre es el centro y la máxima autoridad. Consideremos las teorías centradas en el hombre surgidas en la era de la Ilustración, una época en la que la razón del hombre se postulaba como el epicentro de la verdad y el conocimiento. Tenemos la evolución darwiniana, el marxismo, el ateísmo reciclado, el humanismo, el postmodernismo y otros. Cuando el hombre caído (Rom. 1) se autoproclama a sí mismo como la fuente máxima de la razón y la verdad se produce un caos devastador (Deut. 28).


Lo anterior significa que no existe una visión neutral de la economía, la política, la educación, la psicología, la medicina, la ciencia, los negocios, la vida familiar, etcétera, siempre o es Cristo o el caos. Nuestra cosmovisión cristiana no se limita a la Iglesia y a la familia, es precisamente una cosmovisión del mundo y de la vida. Veamos dos ejemplos de cómo se desarrolla la afirmación o negación del señorío integral de Cristo como presupuesto de partida, especialmente en el pensamiento político y científico. No olvidemos que, cualesquiera que sean los compromisos ideológicos, estos llevan a un individuo a tener una forma radicalmente distinta de ver el mundo y su funcionamiento.


Un científico darwinista o naturalista que se compromete con el método científico (hacer una observación, formular una hipótesis, hacer una predicción, llevar a cabo un experimento y analizar los resultados), inherentemente comienza su experimento presuponiendo la negación de cualquier marco sobrenatural, por lo cual insiste en interpretar sus pruebas para indicar que Dios no puede existir y que cualquier explicación sobrenatural de sus hallazgos es "irracional". A menudo un darwinista nos recordará rápidamente que la ciencia se basa en hechos y que estos concluyen que la humanidad evolucionó a partir de formas de vida inferiores en medio de un largo proceso de caos y azar. Ellos llegan a esta conclusión debido a la visión de mundo con la que observan estos hechos.


Otro ejemplo, del ámbito político. Un secularista presupondría la negación de las normas inmutables de Dios y optaría por encontrar su fuente de verdad para la ley en la experiencia, la tradición, el impulso cultural, o lo que sea que las personas vivas en ese momento de la historia puedan acordar. El mayor bien para el mayor número y este bien no tiene una realidad trascendente que lo ancle a una fuente fija de justicia, por lo que el secularista nunca puede estar realmente seguro de que está imponiendo una verdadera norma del bien.


Esta es precisamente la razón por la cual el concepto pagano-griego de democracia es una mala idea, contraria a las Escrituras. Consideremos que democracia viene de dos palabras griegas: demos que significa pueblo y kratein que significa gobernar, por lo cual el poder reside en el gobierno del pueblo. El laicista confía en el individuo como fuente última de la verdad y la razón. Esto lleva a que pensamientos pobres, siempre cambiantes e injustos, se conviertan en la ley de un país. Asimismo, es el error de la negación de Dios y sus normas morales inmutables lo que lleva a la justificación del horror infanticida moderno que se produce con la matanza de los no nacidos, así como la presuposición que desempeñó un papel importante en la Alemania nazi que negaba la humanidad de los judíos y otras minorías, lo cual finalmente justificó el exterminio de millones de personas. El cristiano, en cambio, cree que toda política debe basarse en la inmutable ley moral de Dios que se encuentra en las Escrituras (Ex. 20; Deut. 4; Sal. 119; Mt. 5-7; Rom. 13; 1 Tim. 1). Las ideas tienen consecuencias, las visiones de mundo tienen consecuencias.


El objetivo de este breve ejercicio de presuposiciones es ayudar al cristiano a identificar cómo las presuposiciones centradas en la Biblia conducen a conclusiones completamente diferentes de las de sus homólogos naturalistas o secularistas. Solo partiendo del reconocimiento de la existencia del Dios cristiano se puede dar una justificación significativa para el uso de metodologías científicas, leyes de la lógica, leyes de la moralidad, justicia, verdad, etc. Aquellos que niegan que Jesús es el Señor y Creador de todo, viven en un mundo en el que están constantemente robando de la cosmovisión cristiano-bíblica.


La historia de la raza humana realmente se resume mejor en la narrativa bíblica. En Adán hay muerte, maldición, sufrimiento, pérdida, pecado, oscuridad y, en última instancia, condenación eterna. Este es el camino que ofrece la mujer extraña, tal como se describe en los Proverbios. Allí vemos que sus caminos son tentadores, ella es astuta, engañosa y hará lo que sea necesario para llevarte con ella a la destrucción, porque en el fondo es adúltera, transgresora de pactos, alguien que se burla de la verdad (Pro. 5). La única otra opción en esta vida es Cristo, personificado en los Proverbios como la señora sabiduría. Se nos dice que esta sabiduría es eterna (Prov. 9). Pablo dice que en Cristo "están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia" (Col. 2:3) Por eso Salomón comienza su libro sobre el consejo del Rey diciendo que "El temor delSeñor es el principio del conocimiento; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción (Proverbios 1:7)".


Queridos amigos, sin Cristo uno puede ser inteligente, intelectual, pero nunca sabio. Siempre estamos construyendo algo, siempre estamos sirviendo a alguien. Es Cristo o el caos, Yahvé o el hombre, Jesús o Satanás. El gran Josué ha conquistado el mundo y ha llevado a su pueblo a la gran Tierra Prometida. Sin embargo, todavía hay falsos dioses por ahí con falsas ideas e ídolos. La pregunta que se le plantea hoy a la Iglesia, que trata de expresar la voluntad del Reino de Dios en la tierra como en el cielo es: ¿A quién serviréis? Es mi oración que los santos que lean esto puedan responder: Pero en cuanto a mí y a mi casa, serviremos al Señor en nuestra familia. Pero en cuanto a mí y a mi casa, serviremos al Señor en la ciencia. Pero en cuanto a mí y a mi casa, serviremos al Señor en la política. Pero en cuanto a mí y a mi casa, serviremos al Señor en la educación, y así sucesivamente.

Pablo le recuerda a Timoteo que la Palabra de Dios debe ser el modelo autorizado para toda la vida: "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, preparado para toda buena obra". (2 Tim. 3:16-17) Jesús es el dueño de todo; por lo tanto, nos ordena trabajar para traer todo en el orden creado bajo su señorío ¡sin olvidar que somos comisionados por el Padre y el Espíritu, ambos soberanos! Amén.



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