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El Reino de Dios

El Reino de Dios (Basilea, en griego), en pocas palabras, es el Reino y el gobierno de Dios. Este tema es el punto central de la Biblia.1 El Reino de Dios es el concepto a partir del cual se desarrolla la meta narrativa de la Escritura como hilo conductor de principio a fin. El propósito u objetivo de la historia es que el Reino de Dios influya de forma omnipresente en todos los ámbitos de la vida y el pensamiento (1 Cor. 15:21-28).2 El Reino es el mensaje programático de la victoria soberana de Dios.

En el jardín del Edén, el Señor le encomendó a Adán que fuera su representante real aquí en la Tierra, llevando la voluntad de Dios a la plena expresión en todos los ámbitos de la vida o, para decirlo en pocas palabras, él debía celestializar el orden creado.3 Adán abdicó de sus responsabilidades reales al desafiar la autoridad de las palabras de Dios y, al hacerlo, introdujo la maldición del pacto en todo el orden creado: pecado, sufrimiento, muerte, etcétera. Pero Dios... en su infinita misericordia, se convierte en el primer predicador y presenta lo que los teólogos conocen como el proto evangelio o la primera declaración evangélica. ¿Y, cuál era el contenido de su mensaje/promesa? La victoria. Dios prometió la victoria a través de uno que vendría de la semilla de la mujer y que aplastaría la cabeza de aquel lagarto baboso (Gn. 3:15).


El resto de la Escritura es la historia del desarrollo gradual de Génesis 3:15. Así empezamos a comprender, como lo señala el Dr. Peter Leithart, que "la lectura de la Biblia es más un arte que una ciencia. La Biblia es una historia, no un léxico de definiciones teológicas sistemáticas". Entonces, si la lectura de la Biblia es más bien un arte, el cuadro que está pintando apunta al Mesías-Rey y asu Reino. La primera parte de la historia, el Viejo Pacto, apunta a una realidad futura de la que se habla a través de promesas y profecías sobre un Rey que vendría un día a establecer su reino y así nos encontramos con promesas del Reino en forma de semilla, como la hecha a Abraham, en la que Dios mismo jura sobre su propia existencia bendecir a todas las familias de la tierra por medio de la descendencia de Abraham, hacerlo padre de muchas naciones y hacer que su herencia sea tan numerosa como las estrellas del cielo y la arena del mar (Gn 12, 15, 17). Oímos al salmista cantar las melodías confirmando el reino-reinado universal del Rey davídico, donde a su venida "todas las familias de las naciones adorarán delante de ti. Porque de Jehová es la realeza, y Él reina sobre las naciones" (Sal. 2, 22, 45, 72, 110, por ejemplo) o ni qué decir de las declaraciones proféticas y advertencias de los juristas del pacto que hablan del tiempo del Reino de Dios:


"Sucederá en los últimos días que el monte de la casa del Señor será establecido como el más alto de los montes y se alzará sobre las colinas; y todas las naciones afluirán a él" (Isa. 2:2)

No olvidemos los maravillosos pasajes navideños que declaran el futuro nacimiento del dulce niño Jesús: "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado" pero ¿alguna vez ha terminado de leer esos pasajes? Para nuestra consternación, aquí es donde las tarjetas Hallmark normalmente cortan el versículo. Fíjese en la notable descripción de la naturaleza de este reino que iba a ser inaugurado con el nacimiento del Mesías:


"...y el principado estará sobre su hombro, y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. El aumento de su gobierno y de la paz no tendrá fin, en el trono de David y sobre su reino, para establecerlo y sostenerlo con justicia y con rectitud desde ahora y para siempre. Lo hará el celo del Señor de los ejércitos". (Isaías 9:6-7)

Avance rápido conmigo hasta los tiempos del Nuevo Testamento ¿es el mismo mensaje? ¿Se sigue hablando del Reino de Dios de la misma manera y con el mismo vigor? ¿Se retrasaron o pospusieron las promesas de la venida del Rey con su Reino? En absoluto. En la plenitud de los tiempos (Gál. 4:4-7), lo no creado se encontró con lo creado, la promesa se convirtió en cumplimiento. Dios mismo se encarnó y vino al mundo proclamando un mensaje: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca". (Mateo 4:17). Jesús expulsó demonios declarando que "Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios." (Lc. 11:20). Así pues, vemos cómo se cumple la promesa victoriosa de Génesis 3:15, descrita por Jesús como el Evangelio del Reino. La declaración por excelencia de la inauguración de su reinado real tuvo lugar después de la resurrección, cuando Cristo ascendió a la diestra del Padre y fue coronado con su corona y su cetro (Gn. 49:10), como Rey sobre todos los reyes y Señor sobre todos los señores (Ap. 17:14), al recibir toda autoridad en el cielo y en la tierra para reinar y gobernar sobre el orden creado (Gn. 1:26-28; Mt. 28:18-20; Ef. 1:18-22; Heb. 2:8).


¡Qué gran noticia! ¡Aleluya! Nos regocijamos al recordar que el telos, el propósito de toda la historia, estuvo oculto para la humanidad, pero ahora la misteriosa voluntad de Dios nos ha sido revelada en Cristo, Dios Padre está uniendo todas las cosas en el cielo y en la tierra (Ef. 1:9-10). ¿Cómo está llevando a cabo un plan tan grandioso? ¿Cuáles son los medios para alcanzar sus fines? ¿Cuál es el vehículo que utiliza para llevarnos a nuestro destino final? El Reino de Dios. El Dr. P. Andrew Sandlin lo explica:


El Reino revela el objetivo de Dios como su gobierno en el cosmos que da vida, inspira alegría y hace florecer el mundo. Como Creador del cosmos, Dios sabe lo que es mejor para él, lo que deleita y beneficia al hombre, lo que le lleva a Él, y al hombre mismo, la gloria consumada. Someterse voluntariamente a Jesucristo como Señor según el mandato del Padre por el poder del Espíritu es vivir la vida en plenitud, la vida tal como Dios la quiso desde el Edén. Por lo tanto, el Evangelio es realmente la buena nueva del Reino (Lc 8,1). La buena noticia es que, en Jesucristo, Dios supera la mala noticia del pecado, la corrupción y la condena. Así como la mala noticia no se limita al corazón y al destino individuales, la buena noticia tampoco se limita al corazón y al destino individuales. La maldición aflige a toda la creación, pero el Evangelio llega "hasta donde se encuentra la maldición". Eso significa, a todas partes.

Empezamos a entender cómo el Rey Jesús inaugurando su reinado y gobierno (su reino), une todo el mensaje de la Biblia. El Evangelio del Reino, entonces, une verdaderamente nuestra protología (las primeras cosas) con nuestra cristología (la persona y obra de Cristo) y escatología (las últimas cosas); lo que a su vez nos lleva a tener una teología bíblica fiel de toda la Biblia, de principio a fin.


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